lunes, 16 de diciembre de 2013

Yo tampoco sé muy bien qué sucede en mi cabeza pero bueno yo creo que es algo así.

Juro que publicaría más si ocurriesen cosas interesantes en mi vida.
O si entendiese de moda, cine o música.
Pero como la cosa no es así, pues aquí sigo.

Me he parado a pensar en la alegría que nos produce ver a alguien feliz gracias a nosotros.
Y sé que feliz no es la palabra que debería de emplear, ya que engloba muchas cosas, pero me refiero al mero hecho de que mediante pequeños hechos y detalles, le puedes alegrar el día, o la semana, a alguien, de forma que no terminamos de comprender completamente, pero lo importante es que lo hacemos.
Hace unos días, hice un diseño para una camiseta y la hice, para regalársela a una amiga. La camiseta llevaba un dibujo y una frase de una saga de libros y películas que a ella le entusiasman no, lo siguiente. Tardé aproximadamente diez minutos en hacer el diseño, ya que decidí que quería que fuese algo simple, sin mucha complicación. Al día siguiente lo llevé a una tienda y en otros diez minutos tuve la camiseta hecha en mis manos. Digamos que entre el proceso de pensarlo y hacerlo, habré utilizado unos veinticinco minutos de mi vida. Yo sabía que le iba a encantar, porque como fangirl que me considero, sé que me encantaría tener una camiseta de, por ejemplo, mi grupo favorito. Pero aunque yo supiese que le iba a encantar, en el momento de entregársela, y ver como empezó a chillar, saltar y darme las gracias un millón de veces, me sentí como si el regalo lo hubiese regalado. Ella no paraba de gritar ¡oh dios mío! y dar saltos de alegría, al cabo de diez segundos le dije que el regalo era mío, ya que ella no lo sabía porque era una sorpresa, y siguió gritando y saltando, pero esta vez mientras me daba abrazos y me daba las gracias.

A lo que quiero llegar con esto, es que cuando nos esforzamos en conocer a alguien; saber sus gustos y pasiones, y se lo demostramos de alguna forma, ya sea mediante un regalo o a base de hacer pequeños gestos a cosas que sabemos que le gustan en el día a día, no solo causamos alegría en la otra persona, a la cual le hará mucha ilusión ver que realmente se le escucha y se muestra interés en ella, sino que también nos levanta la moral a nosotros, viendo como mediante cosas que para nosotros pueden ser tan simples como decir unas frases que recordamos de una canción o un capítulo de una serie, o gastar veinticinco minutos de nuestro sábado por la mañana para darles un detalle, podemos causar una alegría en ese alguien, o directamente alegrarle el día.

La verdad es que no sé muy bien qué he querido decir con esto, aparte de contar lo que he descubierto hoy sobre mi forma de pensar y reaccionar ante algunas cosas.

Pero como ya he dicho, si tuviese algo interesante que contar, lo haría, pero como no lo tengo, dejo esto.

sábado, 30 de noviembre de 2013

Los anuncios me obligan a pensar que es Navidad cuando aún ni estamos en Diciembre.

Hoy es uno de esos días en los que en mi mente estoy sentada en un sofá en el piso de arriba de alguna conocida cafetería en el centro de una ajetreada ciudad, mientras que tomo café, o en su defecto, chocolate, vestida de forma perfecta, miro por la ventana y veo a gente anónima yendo de un sitio a otro con prisa, esperándose o despidiéndose. Cuando en realidad estoy sentada en una incómoda silla, vestida en un pijama y una bata, mientras me dejo la espalda y los ojos sobre una mesa cubierta de libros, cuadernos y apuntes, deseando que mientras miro al techo sin saber bien qué hacer esos conocimientos fluyan dentro de mi cabeza y se retengan ahí.
Supongo que este día de otoño disfrazado de invierno, más bien Navidad, no es precisamente como quisiera. Probablemente sea culpa mía, pero prefiero pensar que es por los anuncios y las fotos de Navidad que estos días son imposibles de ignorar.

martes, 10 de septiembre de 2013

Cuánto daño han hecho las películas para adolescentes.

Y nunca mejor dicho.

Hoy vengo medianamente enfurecida, cosa que en mí es algo de lo más corriente ya que aparentemente estoy de mal humor unas 23 horas al día.
Habrá que aprovecharlo para poder decir todo lo que realmente pienso y con ello intentar enseñar mi punto de vista de las cosas al mundo. Bien, pues allá vamos.

''Ya no quedan chicos como los de antes.'' Dijo la chica de 14 años cuyas únicas relaciones con el sexo contrario son las amistades, o ni eso, que mantiene con unos cuatro chicos que están en su clase o curso . Lo que ha dicho es incorrecto, ya que lo que realmente quiere decir es ''los chicos con el pelo perfecto y la ropa adecuada con un estatus social muy alto que según la gran mayoría de películas, normalmente americanas creadas para el entretenimiento de pre-adolescentes o adolescentes, en vez de fijarse en una chica de su mismo estatus con una belleza comparable con la de éste se fijan en lo que viene siendo el prototipo de chica tímida que pasa sus viernes por la tarde leyendo libros sobre relaciones perfectas y lo único que quiere es convertirse en esa chica de la que hemos hablado antes aunque no se atreva a admitirlo nunca, así que prefiere no hacer nada para conseguir lo que quiere, escondiéndose en esos libros que lo muestran todo como si fuese perfecto y así no tener que afrontar la realidad, y de esta forma aún así consigue que el chico anteriormente mencionado se interese en ella y aunque haya problemas durante su relación porque cada uno pertenece a un grupo social distinto y se creen los Romeo y Julieta del siglo XXI al final viven felices y todo el mundo se da cuenta de que en realidad todas las personas son iguales y demás clichés que todos hemos oído unas mil veces''
¿Y qué es lo que ocurre? Que esta chica, tras haber visto tantas películas, todas completamente iguales, y haber leído tantos libros que son básicamente lo mismo, piensa que por algún milagro de Dios, siendo alguien callado que solo se lleva con dos personas más que se comportan de la misma forma y pasando lo más inadvertido posible por la vida, el resto de la humanidad va a hacer el esfuerzo de acercarse e intentar conocerla. Lo que ella no sabe es que si no intenta, aunque sea un poco, socializar con el resto de la gente que hay en su ambiente, ellos no van a hacerlo porque piensan exactamente lo mismo, que si el otro no les habla es porque piensa que ese tiene todo lo que quiere y no quiere tener nada que ver con él.
Ahí es cuando llegamos a la parte en la que la joven se siente incomprendida y fuera de lugar, y como no es capaz de diferenciar entre ficción y realidad, en vez de darse cuenta de lo que he dicho antes, le echa la culpa a los libros y a las películas. Pensando en que si esas películas y novelas existen y tratan de chicos así, es porque anteriormente han existido y la culpa es de la sociedad, que ha convertido a los jóvenes de hoy en día en lo que ellas consideran horrible, aunque no se dan cuenta de que ellas forman esa sociedad, de la cual no conocen casi nada.
Pero es más fácil vivir en lo conocido, por muy monótono que sea, que afrontar lo desconocido.

Con esto no digo que todas las adolescentes de ahora sean así, que yo creo que queda bastante claro, pero luego siempre queda algún insatisfecho que decide que es buena idea insultarme en anónimo por redes sociales pensando que es valiente, o algo así supongo. Tampoco es que me importe demasiado.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Mañana... ya si eso.

Si contase la cantidad de veces que he pensado en que debería ponerme y actualizar esto cada equis tiempo con alguna entrada explicando o contando algo, me tendrían que pagar por descubrir un número primo con más cifras que el último descubierto.

En la gran mayoría de libros y películas que tratan sobre el prototipo de chica adolescente de clase media-alta sin problemas psicológicos o mentales, esta tiene un diario en el cual año tras año cuenta todas y cada una de las cosas que le van ocurriendo. Cosa que también parecen tener muchas de las víctimas de asesinatos en series policíacas que casualmente, les ayudan a resolver el caso ya que ahí vienen explicados sus secretos más ocultos.
Lo que no nos enseñan estas series es lo difícil que es sentarse, coger un cuaderno, y escribir en él todas las noches contando todo. ¿Quién no se ha propuesto alguna vez empezar un diario?
¿Cuántos de nosotros hemos pensado en hacerlo tantas veces que una vez decidimos empezar y a la tercera noche se nos olvidó y noche tras noche nos decíamos eso de 'mañana ya lo pongo' y no lo hacíamos?

Lo mismo me ha ocurrido con este blog. Siempre digo que voy a retomarlo y escribir cosas con sentido que sean agradables de leer en las que uno se siente identificado, pero aún así de alguna forma acabo dejándolo para ''mañana... ya si eso'' que acaba siendo tres meses más tarde cuando dentro de mi cabeza formo una batalla y una de las partes contrincantes consigue vencer a la otra y hacer que me arrastre hasta el ordenador y escriba algo.

Así que aquí estoy, con algunas ideas en la cabeza que dejaré para mañana, que no mañana...ya si eso, no, mañana de verdad, porque no os quiero aburrir así de golpe. 

Además, así tengo razón para no dejar esto abandonado.

martes, 25 de junio de 2013

El amor no es ciego, es ignorante.

El amor, cuatro letras tan simples y un significado tan puro y extenso, es algo tan fácil de captar y tan complicado de abandonar que por ello hacemos todo lo posible para no tener que dejarlo escapar nunca. Pero el problema es ese; que no queremos dejarlo irse.
¿Qué tiene de malo no querer deshacerse de una sensación tan satisfactoria?
Que no siempre lo vemos como realmente es.
Cuando nos enseñan algo que a primera vista nos gusta, normalmente es porque no le encontramos defectos, y si se los encontramos, los ignoramos. Con el paso del tiempo, este gusto crece hasta convertirse en el conocido amor del que hablamos, y los anteriormente mencionados errores y defectos se siguen ignorando porque queremos que nuestro amor sea perfecto, sea como nosotros queramos que sea, que sea ideal. Por eso seguimos escondiendo de nosotros mismos lo que si se saca a la luz pueden destrozar lo construido. Encubrimos la verdad para sentir que lo que levantado es exactamente como debe de ser para alcanzar nuestra felicidad. Terminamos viviendo en una burbuja de mentiras, con tal de poder amar algo que no es real, porque si lo fuera, seríamos capaces de aceptarlo con todas sus imperfecciones, porque así es la vida.
Nada es perfecto. Nosotros elegimos si queremos verlo así, ya sea a base de enmascarar o asimilar la verdad.