martes, 25 de junio de 2013

El amor no es ciego, es ignorante.

El amor, cuatro letras tan simples y un significado tan puro y extenso, es algo tan fácil de captar y tan complicado de abandonar que por ello hacemos todo lo posible para no tener que dejarlo escapar nunca. Pero el problema es ese; que no queremos dejarlo irse.
¿Qué tiene de malo no querer deshacerse de una sensación tan satisfactoria?
Que no siempre lo vemos como realmente es.
Cuando nos enseñan algo que a primera vista nos gusta, normalmente es porque no le encontramos defectos, y si se los encontramos, los ignoramos. Con el paso del tiempo, este gusto crece hasta convertirse en el conocido amor del que hablamos, y los anteriormente mencionados errores y defectos se siguen ignorando porque queremos que nuestro amor sea perfecto, sea como nosotros queramos que sea, que sea ideal. Por eso seguimos escondiendo de nosotros mismos lo que si se saca a la luz pueden destrozar lo construido. Encubrimos la verdad para sentir que lo que levantado es exactamente como debe de ser para alcanzar nuestra felicidad. Terminamos viviendo en una burbuja de mentiras, con tal de poder amar algo que no es real, porque si lo fuera, seríamos capaces de aceptarlo con todas sus imperfecciones, porque así es la vida.
Nada es perfecto. Nosotros elegimos si queremos verlo así, ya sea a base de enmascarar o asimilar la verdad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario