miércoles, 5 de septiembre de 2012

Monster.

Son alrededor de las 4 de la mañana y mientras me limpio las lágrimas llego a una conclusión. Los monstruos no siempre viven debajo de nuestras camas o en nuestras cabezas. Al cabo de mucho tiempo te das cuenta de que ese alguien que ha estado siempre a tu lado, que te levantó todas esas veces que te caíste y te prometió el cielo y más, ese alguien no es más que un verdadero monstruo. No todo el mundo sabe esto, la mayoría de la gente tiene miedo a reconocer a este monstruo. Prefieren vivir en la ignorancia. Saben que algunos de sus amigos o familiares más cercanos lo es pero no están dispuestos a sentir el dolor que hay al descubrir quién. Lo difícil no es descubrir al monstruo, es decidir qué hacer. Decirle lo que sabes y no volver a hablar con él, o no decir nada, seguir con tu vida como si no supieses nada, pero con el pensamiento de estar ante una criatura horrible durante el resto de tus días, sabiendo que estás siendo engañado. Es una decisión muy difícil de tomar. Solo pocos han admitido a este ser saber cómo es realmente. Solo pocos han sido capaces de abrir sus ojos y ver el mundo real, afrontando el miedo de quedarse solos ante este grande y peligroso mundo, pero muchas veces es mejor estar solo que rodeado de monstruos.

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